Perdición y soledad,
valientes somos cuando nos sentimos admirados, embriagados de adulación, de la felicidad que da sentirse deseado, elevado sobre un pedestal, alzando la cabeza por encima de las grandes montañas ,,, y en fin, que cobardes nos vuelve la cruda realidad ; y el caso es que aún teniéndolo todo (tarde, o no todavía, pero todo al fín y al cabo) nos sentimos desnudos ... que nada nos proteje, que nada nos escuda de no ser ni la mitad de cómo nos sentíamos cuando no teníamos miedo. Y es que el miedo ahí está, lo más lacerante de la soledad es el miedo a que sea para siempre. Eso es lo que nos aterroriza y nos impide (o empuja a) dar un paso adelante (o atrás) ... Es el miedo el que nos impide hacernos la pregunta que calma la tormenta, o no estoy así porque yo he querido? O no he soltado yo las amarras y el lastre que me hundía? O no he sido yo quien ha tomado la decisión de ser, hoy, yo, la única unidad de medida de mis deseos y ambiciones. Soy(eres) lo que he(has) querido ser, y más cuidado d...